El nuevo siglo. Latinoamérica: a 47% "quita sueño" la economía.

03.11.17 2

El 47% de los latinoamericanos opina que su país está estancado y se muestra pesimista ante el futuro. Este es el segundo año consecutivo en que se registra esta proporción de casi la mitad de la población, ya que el año 2016 se registró 48%. Así lo revela el Latinobarómetro 2017, estudio realizado en los 18 países de la región que hablan castellano y portugués, y donde se indica que en contraste, el 25% percibe que hay progreso y otro 25% cree que el país va, de hecho, en retroceso. La directora de Latinobarómetro, Martha Lagos, sostuvo que esta pregunta se ha realizado desde 1995, lo cual ha permitido registrar variaciones que reflejan las condiciones económicas.

Desde el año 2000 y hasta 2010, el porcentaje de latinoamericanos que opinaba que el país estaba progresando, aumentó de 27% a 39%, para declinar posteriormente y llegar a 24% en 2016, cuando la percepción de progreso y de avance económico cayó. En este año esa percepción se confirma con 25%. El único país donde se registra una mayoría de ciudadanos que percibe progreso es Nicaragua, con 58%, mientras que en Bolivia esa percepción positiva alcanza 49%. En un marcado contraste, la percepción de progreso en Brasil alcanza solamente 6%, el país amazónico es donde menos progreso percibe la gente últimamente.

La agenda

Según la encuesta, el problema más importante del país son los problemas de carácter económico, que son los que más se señalan en la región, por encima de la inseguridad y la delincuencia. En 2017, 23% de los latinoamericanos consultados afirma que el principal problema del país es de naturaleza económica (salarios, empleo, inflación...), mientras que otro 11% adicional señala a la economía en general o la situación financiera. En total, uno de cada tres latinoamericanos, afirma que el principal problema que enfrenta su país es de tipo económico.

En segundo lugar, se señala a la inseguridad y la delincuencia, con 20% de menciones, y en tercer lugar la corrupción. La economía rebasa a la inseguridad, si se agregan todas las respuestas que apuntan a alguna problemática de tipo económico. A pesar de que la percepción de progreso es más alta en Nicaragua, en ese país es donde más se señalan algunos problemas económicos, como el desempleo. En otros, como Venezuela, el desempleo no se menciona mucho, solamente 2%, pero la economía en general sí, con 23%.

La economía en su conjunto no parece ser el problema generalizado, sino ciertas particularidades. Los venezolanos ponen énfasis en el desabastecimiento, por ejemplo. La falta de progreso en el país tampoco está del todo relacionada con la situación económica. En Brasil es donde menos progreso se percibe, pero los brasileños señalan a la corrupción como principal problema del país actualmente, con 31%. La agregación de la economía y el desempleo como principales problemas suma 64% de menciones en Venezuela (incluido el desabastecimiento), 53% en Ecuador, 37% en Argentina, 33% en Costa Rica y Honduras, 31% en Uruguay, poco más de 29% en Paraguay, 25% en Panamá, 23% en Guatemala y República Dominicana, 20% en Bolivia y Colombia, 19% en Brasil y México, 14% en Perú, y 11% en Chile, donde la preocupación económica luce más baja.

Expectativas

El 39% de los latinoamericanos califica la situación económica de su país como mala, frente a un 14% que la evalúa como buena. La valoración más favorable a la economía nacional se registra en Ecuador y Nicaragua, con 27% y 25%, respectivamente. En contraste, en Brasil y Venezuela se observa el menor optimismo, con 5% en cada país que evalúa favorablemente a la economía, solamente.

La valoración económica negativa se observa en 15 de los 18 países donde se realiza la encuesta, promediando un saldo negativo de opiniones de 25%, el cual alcanza poco más de 60 puntos en Brasil y Venezuela. Señala el estudio que al preguntar si la economía ha mejorado o empeorado respecto al año anterior, cuatro de cada diez latinoamericanos (42%) responde que ha empeorado. Esta proporción es similar a la que se registró en 2016, de 43%, cuando se registró un notable aumento, desde 29% en 2015.

De nuevo, las sociedades más pesimistas en este 2017 respecto al comportamiento de la economía nacional son la venezolana y la brasileña, aunque en este caso Venezuela destaca mucho más por el pesimismo económico de su población. Muy de cerca de Brasil en estas evaluaciones negativas se ubican El Salvador y México.

Con respecto a qué esperan para los próximos doce meses, las opiniones de los latinoamericanos se dividen casi a tercios: 35% no espera cambios notables, 31% cree que las condiciones económicas van a mejorar y 28% opina que van a empeorar.

Estas cifras son prácticamente un reflejo fiel del sentimiento económico en 2016, cuando se marcó un cambio respecto al optimismo de 2015. Con respecto a la situación personal de aquí a un año, 47% se muestra más optimista y afirma que espera que ésta sea mejor.

El optimismo respecto a la situación personal es mucho más marcado en República Dominicana, con 63%, y en Nicaragua, con 61%. En contraste, El Salvador, Uruguay y Chile son los países menos optimistas respecto a las finanzas personales, al registrar proporciones de mejora de entre 31% y 36%. Finalmente el Latinobarómetro señala que ante la pregunta si está preocupado de perder el empleo en los próximos doce meses, un 76% contestaba que sí en 1995, mientras sólo un 41% lo hace en 2017.

Este indicador ha disminuido 35 puntos porcentuales en 22 años, mostrando un mercado del trabajo más estable, a la vez que una mejora de ingresos como veíamos recién. El impacto para la región es que se ha posibilitado la existencia del concepto masivo del ahorro como fenómeno social. El empleo más allá de los doce meses hace posible tener un horizonte económico que incluye el concepto de ahorro.

La región sólo en la última década ha podido gozar de esta nueva situación, como vemos a partir de la drástica caída de este indicador entre 2007 y 2008. Precisamente fue la crisis del sub-prime y la aplicación por primera vez de manera masiva de políticas económicas contra-cíclicas las que empezaron a cambiar estas expectativas de la población, y permitir la expectativa más estable.

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