El nuevo siglo. ¿Necesitamos, sí o no, una constituyente? Jaime A. Arrubla

15.11.18 5

“Esa Asamblea no se requiere por el momento”. Despertó polémica la idea lanzada por el presidente del Congreso de no descartar la convocatoria a una Asamblea Constituyente para poder sacar las reformas que quiere el Gobierno, especialmente la de la justicia. Afirmó el senador: “Definitivamente no es posible tramitar vía Congreso verdaderas reformas a la justicia, ni política, ni ajustar los acuerdos de La Habana; las presiones de las Cortes y otros intereses lo impiden”. La primera reflexión sobre el trino es la gravedad de la razón que se esgrime.   Si hay presiones de las Cortes al Congreso para impedir reformas, especialmente la de la justicia, tales conductas pueden ser constitutivas de un delito y, por tanto, el Sr. presidente del Congreso está en la obligación de denunciarlo.   Si se trata de una suposición, debe aclararlo; es que, lo que definitivamente no se debe hacer, es ir “trapeando” con el poder judicial, haciéndolo responsable de todo lo malo que ocurre en el país.

Lo segundo, son las consecuencias de orden político que tiene la idea insinuada.   Dirigentes políticos, senadores pasaron a descartar la propuesta, tildándola incluso de “cortina de humo” que solo pretende distraer el tsunami que ocasiona la propuesta de reforma tributaria bajo el ropaje de ley de financiamiento; o incluso que es un pretexto para buscar introducir al sistema colombiano la reelección presidencial nuevamente o la ampliación de su período. Desde París, el mismo presidente de la Republica se manifestó en desacuerdo con la puesta en marcha del mencionado mecanismo para reformar la Constitución. Una Asamblea Constituyente, según la Constitución, es un mecanismo para reformarla y supone Ley del Congreso que disponga que el pueblo, en votación popular, decida si la convoca, señalando competencia, periodo y composición.  

La realidad es que el Gobierno, para sus reformas a la justicia y la política, escogió la vía del Acto Legislativo, es decir, acudió al Congreso para que realice las reformas sugeridas y los trámites van caminando. Que el presidente del Congreso vaticine su fracaso es por lo menos sorprendente; si no prosperan las reformas por falta de acuerdos políticos y si las derrumba la Corte Constitucional por sustituir la Constitución, pues necesariamente habría que pensar en un mecanismo diferente, como puede ser la constituyente. Sin embargo,  habida cuenta de que se desistió de la idea de unificar las Cortes, reformar la tutela, suprimir la Comisión de Acusaciones, reemplazar la administración de la rama, y otras propuestas que suponían un mayor calado y que estaban en el filo de la navaja, para configurar la tesis recurrida de la sustitución constitucional;  que también tiene excepciones, como cuando se modificó del resultado del plebiscito por decisión del Congreso, o se creó el “fast track”; pareciera que el mecanismo de la Asamblea Constituyente, por el momento no se requiere.  Esa vía depende de saber qué es lo que se quiere hacer y cuál puede ser su futuro.  La verdad, es que una constituyente no es un mecanismo necesario para las tibias reformas que se han propuesto; es un escenario para reformar la Constitución en una amplia discusión, que sabemos en que comienza, pero no donde puede terminar. La idea del presidente del Congreso no es descartable, pero la Asamblea no se requiere por el momento.  

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