Revista semana. MSN noticias. Duque: ¿llegó el momento de dar un Timonazo?

10.12.18 4

Las últimas semanas no han sido fáciles para el estado de ánimo del país. La expectativa le ha dado paso ahora a la zozobra. La opinión pública es cada día más pesimista y en muchos círculos se preguntan para dónde va el país. El escándalo de Odebrecht –y el dramático debate llevado a cabo en el Senado– exacerbó aún más la percepción de incertidumbre sobre el futuro. Al fin y al cabo, estuvieron involucrados verdaderos pesos pesados tanto de la política como del sector privado.

La figura del fiscal ad hoc, como fórmula para resolver el entuerto, enredó aún más el ambiente. La terna que presentó el presidente Iván Duque a la Corte Suprema no convenció del todo. Tanto es así que la corte la devolvió después de la renuncia de una de las candidatas. Apenas el mandatario la dio a conocer, comenzó un duro debate sobre la misma. Las críticas no llegaron por falta de idoneidad de quienes la conforman, sino por otros factores. No aparecieron en la lista grandes figuras de reconocida credibilidad y, por el contrario, en algunas de ellas hay señales de incompatibilidades o de requisitos que no cumplen para aspirar al cargo. Para no hablar de su inconveniente militancia ideológica. Esa oportunidad para corregir el rumbo se convirtió en un elemento más de controversia.

No solo ese evento ha golpeado la psicología del país. El Congreso está a punto de terminar una de las legislaturas más lúgubres que recuerden los colombianos, en especial para un primer año de gobierno, el periodo más fértil para pasar grandes reformas según la tradición. La semana pasada se hundió la de la justicia. La tributaria se ha transformado para avanzar en un verdadero Frankenstein, al que ya poco o nada le queda de su espíritu inicial, que contenía importantes propósitos de cambios estructurales. Tanto es así que muchos economistas de renombre han advertido que es mejor que se hunda a que pase como está.

Los proyectos de la consulta anticorrupción, pomposamente presentados por el gobierno, tampoco avanzaron. La mesa de concertación, un interesante espacio donde el gobierno podía discutir los temas con los opositores, quedó a la deriva. Y en la reforma política, reducida a su mínima expresión, se han debilitado también las expectativas de cambios indispensables. Las relaciones entre el Ejecutivo y el Legislativo, modificadas por el sano y necesario intento del presidente Duque de acabar con la mermelada, están perfilándose como una crisis de gobernabilidad.

Las causas son conocidas. El debate sobre los impuestos siempre se vuelve costoso para el gobierno de turno. Las protestas de los estudiantes en las calles son una muestra más de inconformidad. La entrada masiva de venezolanos es un problema gravísimo y sin solución aparente. Los brotes de rechazo y xenofobia ya empiezan a aparecer, sobre todo en la frontera, y son preocupantes. A todo esto, se suma que el partido de gobierno hasta ahora parece a veces haberse convertido en una piedra en el zapato para el presidente. Hay quienes dicen que el Centro Democrático le ha hecho más daño al gobierno que la oposición.

El panorama es incierto, pero no crítico. En el fondo en el país hay más pesimismo que crisis. El gobierno está a tiempo de dar un timonazo necesario en su estrategia política y en el tipo de liderazgo del presidente. Pero requiere realismo y cabeza fría. El mandatario más joven en décadas ha perdido apoyo entre los colombianos de las nuevas generaciones. Las relaciones entre el gobierno y el Centro Democrático no son fluidas ni constructivas, y las recientes gestiones del exmandatario para cerrar filas en torno a Duque aún no han producido resultados ni han logrado generar confianza. El hecho es que la estrategia política de la Casa de Nariño requiere rectificaciones. El presidente Duque debe pulir su narrativa sobre la situación actual del país y sus prioridades para resolver problemas

El mensaje del presidente es muy disperso. En sus discursos, intervenciones, entrevistas y consejos comunitarios queda claro que conoce los temas, pero que aún no ha definido el rumbo. ¿Con qué asocian los colombianos a su presidente? Con la economía naranja, una causa importante a la que le falta explicación y no despierta pasiones. El llamado a la equidad sí las despierta, pero la falta de gobernabilidad obstaculiza su materialización. Sobre el proceso de paz Duque ha mantenido una posición realista y objetiva que a su vez le ha costado prestigio con su base. Pero el meollo de todo lo anterior en una u otra forma tiene que ver con las relaciones con el Congreso. Su cruzada para acabar con la mermelada ha tenido como resultado que el Legislativo tiene bloqueado al presidente. Un país hastiado con el clientelismo y con la corrupción lo apoya en este propósito. Sin embargo, hasta ahora sus esfuerzos no han dado frutos.

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