Gobernadores y alcaldes: a cumplir sus programas con seriedad.

 

La dogmática de las democracias está centrada en la ley. Por eso quienes aspiraban a ser Gobernadores y Alcaldes presentaron a sus electores un programa que, a partir del año entrante, será el plan de desarrollo de esas entidades territoriales. El primer paso que están dando, y que es muy provechoso, es el empalme, donde recibirán información sobre las obras en curso y las inversiones que se ejecutaron; igualmente qué recursos quedan comprometidos y qué niveles de inversión se pueden proyectar para los próximos cuatro años. El segundo es revisar las obras iniciadas,  ya que es una obligación terminarlas, así no les guste lo que el gobernante saliente contrató. Pueden hacer ajustes a los contratos, pero no se pueden dejar elefantes blancos, cuya parálisis puede llevarlos a procesos de responsabilidad fiscal y disciplinaria.

rincon 64.2

Nunca he entendido desde la perspectiva del cumplimiento de la ley y del programa de gobierno ofrecido, por qué los futuros mandatarios se comprometen con cosas que no van a poder ejecutar. La revocatoria del mandato debería ser más exigente, porque la realidad es que todas las administraciones en Colombia son pobres; hoy tenemos las inversiones con recursos de las regalías, que pueden ayudar bastante en el cumplimiento de los programas ofrecidos. La gestión de pequeñas cosas aquí, pequeñas cosas allá está desgastada y lo que las comunidades exigen son programas macro, como la instalación de servicios plenos en las ciudades, redes de atención en salud, escuelas y colegios en todos los sectores, acueductos y alcantarillados rurales, energía eléctrica y  carreteras transitables. Si a los campesinos, por ejemplo, se les garantiza la movilización de los productos hacia centros de acopio, guardarán perenne agradecimiento con los gobernantes.

El manejo de los recursos presupuestales no es fácil. La mayoría de los alcaldes gastan en funcionamiento más de lo que necesitan para satisfacer afanes burocráticos. Las personas así beneficiadas cambian con cada elección, atendiendo al que más les ofrezca. En cambio si se construyen viviendas dignas, si hay salud y educación permanentes y de calidad, esa inversión genera el compromiso constante del elector que ve la gestión como algo productivo, que mejora la calidad de vida de todos, haciendo de los municipios áreas turísticas y centros de crecimiento personal y afectivo.

Los alcaldes son elegidos para periodos de cuatro años. El primero, es para planificar y programar las inversiones a corto y mediano plazo, para pagar las deudas dejadas por la administración que se va y para definir prioridades; el segundo y el tercero, son años de ejecutorias, lo cual debería hacer pensar a los mandatarios en concentrar sus esfuerzos en periodos semestrales, es decir cuatro semestres, orientando el presupuesto  a obras que dejen huella en la comunidad. Hoy una obra importante no vale menos de tres mil (3.000) o cuatro mil (4.000) millones de pesos. Estamos hablando de diez mil (10.000) a quince mil (15.000) millones en recursos para mostrar un gestión importante y que sea mirada por la comunidad como un proceso de transformación local o regional. Por ejemplo, un puente que una lugares paradigmáticos de la zona, un complejo educativo o de salud, un parque recreativo, un programa de reforestación para recuperar un río o una zona afectada por daños medioambientales, una planta de acueducto, un plan vial urbano o rural, un programa de andenes y parques, es decir, hay tantas cosas, pero de todas deben escoger cuatro,  una para ejecutar en cada semestre, porque de lo contrario, sus gestiones pasarán sin pena ni gloria.

rincon 64.3El último año es para cerrar con broche de oro, terminar lo empezado, prepararse para entregar un buen balance y ser el árbitro imparcial del proceso electoral que lo relevará. Con toda seguridad que si se ha hecho una buena labor, los defensores ganarán, pero si la gestión ha sido mala, a pesar de las artimañas y compra de votos, la gente va a castigar a los mandatarios improvidentes y gastados, que no fueron capaces de cumplir las expectativas de la comunidad. Para eso están las encuestas, los premios particulares y públicos de reconocimiento a los mejores. Pasar con menos del 60% de apoyo de los ciudadanos es como sacar menos de tres en el colegio. Con esa calificación uno es malo, ni siquiera regular, para lo cual debería estar al menos en el 70% de popularidad. Todo lo demás que se diga es ir contra las costumbres que nos enseñaron que los buenos están por encima de cuatro, o sea, del 80% de popularidad. ¿Será que nuestros gobernantes se hacen estas reflexiones y le apuntan a ser los mejores y no los peores?

CARLOS ENRIQUE CAMPILLO PARRA

DIRECTOR EJECUTIVO ASOTRANS

MAGISTER EN DERECHO PENAL, ESPECIALIZADO EN DERECHO COMERCIAL Y ADMINISTRATIVO

EXPERTO EN TRÁNSITO Y TRANSPORTE

This email address is being protected from spambots. You need JavaScript enabled to view it.

Prev Convención 38 de asotrans. Cumplimos con el país transportador. Los inversionistas pueden estar más seguros a pesar de los riesgos.
Next Las promesas incumplidas y la revocatoria del mandato.
rincon
publicidadsigtransweb
40años