Somos mejores cada día.

Es notorio que la mayoría de las empresas que prestan este servicio público han aportado de una manera significativa al crecimiento empresarial del país, han respondido con inversión, organización y avances tecnológicos a las necesidades de sus clientes y a las exigencias del mercado. Esto a pesar del atraso en vías que ha tenido Colombia, donde transitar por muchas de las carreteras era lento, costoso e inseguro, además de ser durante muchos años objetivo militar de la subversión. Crecer sin apoyo estatal, ni económico, ni operativo, es decir sin tarifa y sin control a la ilegalidad, hace que este esfuerzo del empresario del transporte sea más extraordinario.

Competir con el transporte aéreo de bajo costo donde el gobierno por su filosofía neoliberal deja que sean las leyes del mercado las que se impongan, ha significado una prueba muy difícil pero que produjo una reacción empresarial donde los colombianos han sabido apoyar al escoger este medio para sus necesidades de viaje. Se respondió con servicios al pasajero, inversión en vehículos modernos con tecnología avanzada, de doble piso en algunas rutas, amigables con el medio ambiente, organización responsable de mantenimientos y capacitación de conductores, administrativamente ejemplar para garantizar la seguridad en la vía y se realizó en medio de una economía que no incentiva y no da confianza al transportador que invierte y tiene  fe en el futuro de su nación.

Cada día son expedidas normas y regulaciones que aumentan la carga para el empresario colombiano y en especial para el transportador formal. Reformas tributarias que aumentan el valor de los impuestos, normas contables que aumentan los costos de las asesorías, planes de seguridad vial y de salud ocupacional que aumentan los gastos administrativos, exigencias locatarias, tecnológicas, financieras, de calidad, de perfiles profesionales, que aumentan los costos operativos, obligaciones de aseguramiento que no cubren las necesidades del asegurado y lo dejan desprotegido a la hora de una decisión judicial, aumento en los precios de los insumos sin que se reflejen en la tarifa haciendo cada vez más difícil encontrar niveles respetables de rentabilidad, y si a todo esto se le agrega la ineficacia del Estado para controlar al ilegal que no hace nada de lo mencionado y recorre las vías compitiendo con impunidad y descaro, es por todo lo dicho que es muy meritorio que todavía halla empresas de transporte legales y que además aporten al crecimiento de un país que las deja solas en su desempeño.

Vienen nuevas oportunidades y nuevas dificultades, los sistemas integrados de transporte están enmarcados para que el transporte intermunicipal haga los cambios que se requieren para no quedar fuera del servicio, la llegada de trenes de cercanía, el asomo de las ciudades en los límites de su jurisdicción para integrar comunidades y sistemas, la aparición de las vías de cuarta generación, las exigencias medio ambientales cada día más necesarias, todo es una variedad de retos que se deben asumir con inteligencia, unidad y visión para tomar las decisiones que permitan seguir haciendo presencia en el mundo empresarial y económico.

El transportador es un equilibrista que no puede darse el lujo de quedarse quieto porque se cae y al Estado no le importa su caída, por eso no coloca redes para recibirlo en sus descensos económicos. Debemos realizar de manera continua los movimientos que nos aproximen a las oportunidades y poder vencer las dificultades, de lo acertado de esos movimientos dependen nuestra estabilidad y existencia empresarial. El papel de los gremios es acompañar al empresario para que no pierda la visión y responda con agilidad a las necesidades de la sociedad y rechace con fuerza las amenazas que aparezcan en el horizonte. Resaltemos lo bueno que hemos hecho durante tantos años y no nos detengamos pues hemos demostrado con creces lo valioso de nuestro esfuerzo.



 

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