Las leyes para los de ruana.

Esta  afirmación popular cuando se aplica a la prestación del servicio público de transporte significa que los que llevan la ruana son los transportadores formales y hay muchas razones para decirlo. Ellos son los que son visitados por los organismos de control y vigilancia, tienen que presentar de forma permanente informes sobre su situación financiera, jurídica, operacional, declarar y pagar un sin número de gravámenes, de tasas contributivas, deben mantener un nivel de aseguramiento alto y responder por los accidentes y pagar indemnizaciones sin límite alguno por los daños causados, presentar planes de seguridad vial cuya implementación tiene unos costos altos, contratar legalmente todo su personal en especial el de conductores y asumir los costos de su seguridad social y de los planes de salud ocupacional, hacer un mantenimiento y control vehicular de toda su flota, reponer esa flota de acuerdo a las necesidades del mercado y hacerlo sin apoyo estatal y sin control a la homologación en términos de necesidad del servicio y de calidad del producto, soportar las demoras y trámites para tener autorizaciones para prestar el servicio, tarjetas de operación y demás, realizar controles de medicina preventiva, alcoholemia, mecanismos de selección y aptitud para contratar, tasas de uso de terminales inadecuados y construidos y habilitados sin pensar en el servicio, tener constante amenaza institucional frente a la creación de sistemas nuevos que los dejen por fuera del servicio y un constante desconocimiento de sus derechos y su historia, inseguridades jurídicas que impiden planeación y desarrollo para el futuro, sin un régimen tarifario que premie su eficiencia, etc, etc, sin mencionar las amenazas de la delincuencia, sus atentados y extorsiones para poder transitar en paz.

El no cumplimiento de las obligaciones es respondido por el Estado y sus diferentes entes, con sanciones que van desde la perdida de la habilitación hasta el pago de grandes sumas donde los jueces se vuelven generosos con el castigo sin calcular el costo de la quiebra de una empresa, pasando por comparendos, procesos, rentabilidad precaria y demás.

En el otro lado de la balanza están los que no tienen ruana, aquellos que pueden prestar el servicio público sin ley, sin vigilancia, sin inspección, sin control, sin responsabilidad, sin pago de impuestos, sin organización empresarial, sin contratar  a sus empleados, sin seguros de responsabilidad civil contractual y extracontractual, sin necesidad de trámites, tarjetas de operación, sin obligación de salir de una terminal, colocando la tarifa que ellos consideren, sin planes de seguridad vial y lo que es mejor para ellos, sin que les pase nada, sin castigos, sin multas, sin procesos, sin condenas y crecen todos los días ante la indiferencia del Estado que no tiene intenciones de meterse con ellos, su informalidad e ilegalidad tiene costos políticos, sociales, que nadie en el gobierno está dispuesto a asumir la tarea de combatirlos.

Esa desigualdad del transporte formal frente a la ley es grave en un estado social de Derecho como lo dice nuestra Constitución. Qué hacer ante la incapacidad del Estado para impartir justicia y ver todos los días el crecimiento de la informalidad, de la ilegalidad, del mototaxismo, de los Uber,  de los particulares prestando el servicio y compitiendo con ventaja  contra los que tienen en sus espaldas el cumplimiento de tantas obligaciones?. Declaremos entonces la libertad absoluta, dejar hacer y dejar pasar de los franceses, que nadie cumpla con requisitos y todos compitamos en igualdad de condiciones, todos sin pagar impuestos, todos en el rebusque y bienvenida la anarquía en el transporte para demostrar con ello que estamos frente a un Estado fallido. Y este ejemplo se extenderá a otras actividades, nadie requiere un titulo para ejercer un oficio, lo mismo un profesional titulado y con licencia que un tegua charlatán que juegue con la salud de los ciudadanos, cualquiera abrirá su negocio sin cumplir normas y la viabilidad del bien común caerá frente a las necesidades de sobrevivencia de la gente y seremos inviables como nación y como sociedad. A este futuro nos estamos dirigiendo cuando tenemos un Estado débil para hacer cumplir la ley en igualdad de condiciones y cuando esto llegue, apague y vámonos, otra expresión popular que aplicaremos en su momento. 
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presidente
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