El país. Medios y democracia.

15.01.18 1

Es evidente que en nuestro mundo actual es clave el papel de los medios de comunicación pues son un instrumento para educar y formar, son constructores de opinión y de sociedad. Debido a estas consecuencias es que los medios deben ser muy limpios, transparentes. Es innegable que tanto los medios escritos como electrónicos influyen de alguna manera en el quehacer del Estado y no siempre buscando el bien común o de la libertad de expresión, como quisiéramos que así fuesen, sino que lo han hecho buscando sus propios intereses y a veces, como lo afirma el papa Francisco, cayendo en la desinformación, el chisme, la calumnia y así alimentándonos con noticias falsas, ya que pareciera que la gente tiene la enfermedad de la ‘coprofilia’: el gusto por la información de los defectos y males de las personas. Muchos medios de información, ya es sabido, sirven a los intereses de sus propietarios y promueven las personas o campañas políticas que les interesan, a quienes los pagan para lograr los efectos económicos, culturales y políticos deseados.

Al entender como medio de comunicación todo lo que sea vía para conducir información de un sujeto a otro, y siendo la democracia una forma de gobierno del Estado donde el poder es ejercido por el pueblo, mediante mecanismos legítimos de participación en la toma de las decisiones políticas y su mecanismo principal para el ciudadano es el sufragio universal, libre, igual, directo y secreto, a través de lo cual elige a sus dirigentes por mayoría o representación proporcional, o por combinación de ambas, podemos entender que la relación entre los medios y la democracia.  Como ya muchos lo han afirmado consiste en que la información es la base del proceso democrático, o sea que todo proceso democrático es un proceso de comunicación, por eso resultan los intereses diversos para poseer los medios de información y así lograr las modificaciones endógenas de las preferencias a través de ellos.

Ya también es viral, como se dice en las redes, que la técnica de quienes usan los medios, ya sea para la publicidad en sus diferentes ramas, y en ella la política, es llevarnos a aceptar sus verdades como nuestras verdades. Nos hacen copartícipes, sin quererlo, de una manera inconsciente de tal manera que terminamos aceptando que el fin justifica los medios, puesto que ellos nos han construido la realidad que desean y nos la cuentan. Eso es lo que nos comunican y por eso hay que perdonar al criminal, no se debe castigar al que ha construido el dolor, es mejor un arreglo imperfecto que una guerra permanente, por la paz hay que hacer todo hasta lo imposible, en fin, tantas cosas que siendo buenas están sacrificando los principios y valores, que, en lugar de esclarecer la verdad, terminan ocultándola y así en lugar de llegar a un futuro deseado se aumenta el dolor y la desesperanza. ¿Serán verdaderas democracia y elecciones democráticas, cuando la verdad ha sido manipulada, se ha construido y elaborado un discurso ideologizado con ciertas tendencias cimentando el relato que hoy vivimos, terminando por aceptar al que nos ha producido el dolor y la muerte, porque hemos pactado con el victimario y como decía el gobernador de Arauca últimamente: “La amenaza de las balas nos hacen pactar la paz y no la confrontación de las ideas y la voluntad política por construir la paz como el bien para todos”? 

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